"Debo esperar a que el azúcar se disuelva"

"REGLA TERCERA: Plantear los problemas y resolverlos en función del tiempo más bien que del espacio.

Esta regla da el "sentido fundamental" de la intuición: la intuición supone la duración, consiste en pensar en términos de duración.

[...]

A primera vista parecería que una diferencia de naturaleza se establece entre dos cosas o más bien entre dos tendencias. Esto es verdad, pero sólo superficialmente. Consideremos la división bergsoniana principal: la duración y el espacio. Cualquier otra división, cualquier otro dualismo la implica, deriva de ella o desemboca en ella. Ahora bien, no podemos contentarnos con afirmar simplemente una diferencia de naturaleza entre la duración y el espacio.

La división se hace entre la duración, que "tiende" por su cuenta a asumir o sostener todas las diferencias de naturaleza (porque está dotada del poder de variar cualitativamente consigo misma), y el espacio que únicamente presenta diferencias de grado (ya que es homogeneidad cuantitativa).

No hay por tanto diferencia de naturaleza entre las dos mitades de la división; la diferencia de naturaleza está toda ella de un lado. Cuando dividimos algo siguiendo sus articulaciones naturales, tenemos, con proporciones y figuras muy variables según el caso, por una parte, el lado espacio, en el que la cosa únicamente puede diferir en grado de las demás y de sí misma (aumento, disminución), y, por otra parte, el lado duración, en el que la cosa difiere en naturaleza de todas las demás y de sí misma (alteración).

Tomemos por caso un terrón de azúcar: tiene una configuración espacial, pero bajo este concepto no aprehendeos nunca las diferencias de [naturaleza] entre este azúcar y cualquiera otra cosa. Sin embargo, tiene también una duración, un ritmo de duración, una manera de ser en el tiempo, que se revela, al menos en parte, en el proceso de su disolución, y que muestra cómo dicho azúcar difiere en naturaleza no sólo de las demás cosas, sino también, sobre todo y en primer lugar, de sí mismo. Esta alteración, que forma una unidad con la esencia o la sustancia de una cosa, la aprehendemos cuando la pensamos en términos de Duración.

A este respecto la famosa fórmula de Bergson "debo esperar a que el azúcar se disuelva" tiene un sentido incluso más amplio que el que le da el contexto. Significa que mi propia duración, tal como la vi, por ejemplo, en la impaciencia de mis esperas, sirve como revelador de otras duraciones que laten con otros ritmos, que difieren en naturaleza de la mía.

La duración es siempre el lugar y el medio de las diferencias de naturaleza, es incluso el conjunto y la multiplicidad de las mismas; en la duración sólo hay diferencias de naturaleza, mientras que el espacio no es más que el lugar, el medio, el conjunto de las diferencias de grado."


G. Deleuze, El bergsonismo, cap. I, pág. 30.

Abrirnos al tiempo inhumano

"... no es Bergson uno de esos filósofos que asignan a la filosofía una sabiduría y un equilibrio propiamente humanos. Abrirnos a lo inhumano y a lo sobrehumano (las duraciones inferiores o superiores a la nuestra), sobrepasar la condición humana: éste es el sentido de la filosofía, ya que nuestra condición nos condena a vivir entre los mixtos mal analizados y a ser nosotros mismos un mixto mal analizado."


G. Deleuze, El bergsonismo, cap. I, pág. 23.

Diferencias de naturaleza

"Éste es el leitmotiv bergsoniano: sólo se han visto diferencias de grado allí donde había diferencias de naturaleza. Bajo este punto esencial agrupa Bergson sus críticas principales de carácter más diverso.

A la metafísica le reprochará esencialmente el haber visto sólo diferencias de grado entre un tiempo espacializado y una eternidad entendida como primera (el tiempo como degradación, distensión o disminución de ser...): todos los seres se definen dentro de una escala de intensidad entre los límites de una perfección y de una nada.

Y a la ciencia le hará un reproche análogo: no hay otra definición de mecanicismo que la que invoca, de igual modo, un tiempo espacializado, conforme al cual los seres sólo representan diferencias de grado, de posición, de dimensión, de proporción. Encontramos el mecanicismo incluso en el evolucionismo, en la medida en que éste postula una evolución unilineal y nos hace pasar de una organización viviente a otra mediante simples intermediarios, transiciones o variaciones de grado. En esta ignorancia de las verdaderas diferencias de naturaleza se encuentra, en verdad, la fuente de los falsos problemas y de las ilusiones que nos abruman.

Desde el primer capítulo de Matière et Mémoire muestra Bergson cómo el olvido de las diferencias de naturaleza entre la percepción y la afección, por una parte, y entre la percepción y el recuerdo, por otra, engendra toda suerte de falsos problemas, haciéndonos creer en un carácter inextensivo de nuestra percepción: "En esta idea que proyectamos fuera de nosotros de los estados puramente internos se encontrarían tantos malententendidos, tantas respuestas incompletas a cuestiones mal planteadas". "


Gilles Deleuze, El bergsonismo, cap. I, trad. L. F. Carracedo, ed. Cátedra, 1996, pág. 20.

Devenir ausente

"Creo que la ausencia contribuye enormemente a la creación de un sentido. De hecho, es muy difícil hacer que la vida tenga un sentido para nosotros si no tenemos en cuenta las ausencias, si no les damos un lugar en nuestras vidas. Hasta la deshumanización producida por el capitalismo, los vivos aguardaban la experiencia de los muertos, pues constituía su próximo futuro. Los vivos no conseguían por sí mismos colmar el hecho de vivir. Sólo una forma excepcional del individualismo moderno logró quebrar esta interdependencia; con efectos terribles para los vivos, que ahora piensan en los muertos como los eliminados. Mientras no aprehendamos el devenir como secuencia de presencia, ausencia, presencia, ausencia, estaremos en problemas. Si usted elimina la ausencia, no hay más devenir. Y sin devenir, no hay deseo. "


John Berger

(entrevistado por Flavia Costa, 2004. Entrevista completa en http://www.clarin.com/suplementos/cultura/2004/12/11/u-884219.htm)

Instante poético e instante metafísico





"La poesía es una metafísica instantánea. En un breve poema, debe dar una visión del universo y revelar el secreto de un alma, del ser y de los objetos al mismo tiempo. Cuando obedece simplemente al tiempo de la vida, es menos que la vida; no puede ser más que la vida sino inmovilzando la vida, sino viviendo en la realidad la dialéctica de las dichas y de las penas. En entonces el principio de una simultaneidad

[...]

En tanto que todas las demás experiencias metafísicas son dispuestas en antepropósitos inerminables, la poesía desecha los preámbulos, los principios, los métodos, las pruebas. Desecha la duda. Cuando mucho necesita un preludio de silencio.

[...]

Luego, tras las sonoridades huecas, produce su instante. Para construir un instante complejo, para anudar sobre ese instante simultaneidades múltiples es por lo que el poeta destruye la continuidad simple del tiempo encadenado.
En todo poema verdadero, se puede entonces encontrar los elementos de un tiempo detenido, de un tiempo que no sigue la medida, de un tiempo que nosotros llamaremos vertical para distinguirlo de un tiempo común que huye horizontalmente con el agua del río, con el viento que pasa.

[...]

La prosodia no organiza sino sonoridades sucesivas [...] Pero todas las reglas prosódicas no son sino medios, viejos medios. El fin es la verticalidad, la profundidad o la altura; es el instante estabilizado en que las simultaneidades prueban ordenándose que el instante poético tiene una perspectiva metafísica.

[...]

¿Pero es tiempo todavía ese pluralismo de acontecimientos contradictorios encerrados en un solo instante? ¿Es tiempo toda esa perspectiva vertical que sobresale del instante poético? Sí; porque las simultaneidades acumuladas son simultaneidades ordenadas. Dan una dimensión al instante puesto que le dan un orden interno. Ahora bien, el tiempo es un orden y no otra cosa. Y todo orden es un tiempo.

[...]

He aquí entonces los tres órdenes de experiencias sucesivas que deben desligar al ser encadenado en el tiempo horizontal:
1) acostumbrarse a no referir su propio tiempo al tiempo de los demás: romper los marcos sociales de la duración;
2) acostumbrarse a no referir su propio tiempo al tiempo de las cosas: romper los marcos renomenológicos de la duración;
3) acostumbrarse -difícil ejercicio- a no referir su propio tiempo al tiempo de la vida, a no saber si el corazón late, si crece la dicha: romper los marcos vitales de la duración.

Sólo entonces se alcanza la referencia autosincrónica, en el centro de sí mismo, sin vida periférica. De pronto se borra toda horizontalidad plana. El tiempo ya no corre. Brota.

[...]"


Gaston Bachelard, "Instante poético e instante metafísico" en El derecho de soñar, FCE, Colombia, 1993. ["Instant poétique et instant métaphysique", en Messages, t.I, cuaderno 2, 1939, y L´Arc (Cahiers méditerranéens), 1961.]

Funeral Blues




Stop all the clocks, cut off the telephone,
Prevent the dog from barking with a juicy bone,
Silence the pianos and with muffled drum
Bring out the coffin, let the mourners come.

Let aeroplenes circle moaning overhead
Scribbling on the sky the message He is Dead.
Put crepe bows round the white necks of the public doves,
Let the traffic policemen wear black cotton gloves.

He was my North, my South, my East and West,
My working week and my Sunday rest,
My noon, my midnight, my talk, my song;
I thought that love would last forever: I was wrong.

The stars are not wanted now; put out every one,
Pack up the moon and dismantle the sun,
Pour away the ocean and sweep up the woods;
For nothing now can ever come to any good.


W. H. Auden





Funeral Blues

Detengan los relojes
desconecten el teléfono
denle un hueso al perro para que no ladre
Callen los pianos y con ese
tamborilleo sordo
saquen el féretro,
que vengan los dolientes.

Que los aviones sobrevuelen quejumbrosos
y escriban en el cielo
el mensaje:
Él ha Muerto.

Pongan moños negros
en los níveos cuellos de las palomas
que los policías usen guantes
de algodón negro

Él era mi norte mi sur
mi este y oeste
mi semana de trabajo y mi
descanso de domingo
mi mediodía mi medianoche
mi conversación mi canción;
creí que el amor duraría
por siempre,
me equivoqué.

No precisamos estrellas ahora..
apágenlas todas.
Envuelvan la luna
desmanelen el sol
desagüen el océano y
talen el bosque
porque desde ahora
nunca nada resultará bien.

Agustín. Confesiones XI,1

"¿Por ventura, Señor, siendo tuya la eternidad, ignoras las cosas que te digo, o ves en el tiempo lo que se ejecuta en el tiempo?"

Tic tac tic tac tic tac

tic....